
Iván Duque Márquez
Sobre el conferencista
El mundo necesita líderes que hayan tomado decisiones difíciles. Yo las tomé
Hay líderes que hablan del poder. Y hay líderes que lo ejercieron, lo enfrentaron, lo sobrevivieron y lo convirtieron en sabiduría transferible. Iván Duque Márquez pertenece al segundo grupo.
A los 41 años, se convirtió en el presidente más joven en la historia de Colombia, asumiendo el cargo en 2018 en uno de los momentos más complejos para el país y para América Latina: tensión regional, crisis migratoria venezolana, presión sobre la paz, y una pandemia global que nadie anticipó. Cuatro años después, entregó un país con una economía rehabilitada, una agenda ambiental reconocida internacionalmente y una visión de desarrollo que todavía resuena en foros globales.
Pero la historia de Duque no empieza ni termina en la presidencia. Empieza en el Banco Interamericano de Desarrollo, donde durante más de una década construyó criterio técnico sobre políticas públicas, economía del desarrollo y gobernanza en América Latina. Allí aprendió algo que pocos presidentes traen al cargo: que las decisiones que más afectan a los pueblos se toman con números, con análisis y con la claridad de quien entiende las estructuras que mueven el mundo real, no solo el mundo político.
Abogado y economista de formación, con estudios en la Universidad Externado de Colombia y una maestría en Derecho Económico Internacional en American University, Duque llegó al poder con una arquitectura intelectual sólida y una comprensión profunda de los sistemas globales. Eso le permitió, desde la presidencia, no solo gobernar sino posicionarse en conversaciones de alto nivel con líderes mundiales, organismos multilaterales y centros de pensamiento de primer orden.
Un líder con agenda global post-presidencial
Lo que diferencia a Duque de otros ex mandatarios es que su relevancia no terminó con su mandato. La amplió.
Hoy es miembro del Consejo de Liderazgo de Concordia, fellow distinguido del Centro Woodrow Wilson, de la Universidad de Oxford y de la Universidad de Yale. Forma parte del World Resources Institute (WRI), del Fondo para la Tierra Bezos, del Instituto de Mercados Emergentes de Cornell y del Instituto de Empresa. Es embajador de la Coalición Mundial para la Naturaleza, miembro del Comité Directivo de la Iniciativa de Mercados de Carbono de África (ACMI), del Consejo de la Esperanza de la Fundación Jane Goodall, y asesor de sostenibilidad de McKinsey.
En 2022 lanzó la Iniciativa Amazónica Concordia, un espacio de diálogo multilateral para la protección de la Amazonía. En 2024, abrió el Centro Iván Duque para la Prosperidad y la Libertad en el Wilson Center de Washington, con foco en política hemisférica, democracia y desarrollo sostenible. Y en Colombia, preside la Fundación I+D, dedicada a impulsar el liderazgo juvenil en regiones históricamente marginadas del país.
No es teoría. Es la arquitectura de un liderazgo que se construye después del poder.
Lo que lleva al escenario
Las conferencias de Iván Duque no son recuentos de anécdotas presidenciales. Son conversaciones sobre los grandes desafíos del mundo contemporáneo desde la única perspectiva que realmente importa: la de quien los enfrentó con consecuencias reales.
Habla de geopolítica y gobernanza desde quien negoció con potencias, administró crisis y sostuvo la institucionalidad democrática bajo presión. Habla de seguridad regional y migración desde quien gestionó la mayor crisis migratoria de la historia latinoamericana reciente, con más de dos millones de venezolanos llegando a Colombia. Habla de sostenibilidad, finanzas verdes y transición energética desde quien convirtió a Colombia en referente ambiental latinoamericano y hoy asesora fondos globales y universidades de élite sobre estos temas.
Habla de innovación pública y economía naranja, la política de desarrollo cultural y creativo que se convirtió en su legado más reconocido internacionalmente. Y habla de liderazgo, no como concepto abstracto, sino como práctica cotidiana en condiciones extremas: con poca información, mucha presión y consecuencias que afectan millones de vidas.
Sus presentaciones siguen el mejor estilo TED: dinámicas, visuales, sin teleprompter, construidas para generar conversación, no para cerrarla. Adapta cada intervención a la audiencia, al sector y al momento histórico. No es un conferencista que repite el mismo mensaje. Es un pensador que lee el contexto y lo conecta con experiencia propia.
Por qué su voz importa hoy
El mundo atraviesa una transición de poder. Las instituciones globales se reconfiguran, la geopolítica se fragmenta, la sostenibilidad deja de ser opción para convertirse en imperativo económico, y el liderazgo enfrenta una crisis de credibilidad. En ese escenario, las organizaciones necesitan voces que no solo diagnóstico el presente, sino que lo hayan vivido desde adentro.
Iván Duque es esa voz.
Con la autoridad de quien gobernó, la vigencia de quien sigue construyendo agenda global y la claridad de quien sabe comunicar lo complejo con precisión y contundencia.



