
Ana María Giraldo y Ana Isabel Bustamante
Sobre el conferencista
Ninguna cumbre grande se alcanza en solitario.
Ana María Giraldo y Ana Isabel Bustamante llegaron a la cima del Monte Vinson, en la Antártida, el 1 de diciembre de 2025, a las 4:15 p. m. hora Colombia, tras nueve horas de ascenso final sobre una pendiente de hielo. Con ese paso cerraron el reto de las 7 Cumbres —conquistar el punto más alto de cada continente y de las regiones polares— y se convirtieron en el primer equipo femenino colombiano en completarlo, y las primeras mujeres colombianas en lograrlo juntas.
La historia de «Las Anas», como las llaman con cariño quienes han seguido su travesía, no empezó en el hielo antártico sino veinte años antes. Ana María Giraldo, ingeniera industrial nacida en Manizales, fue nadadora de fondo por más de una década y campeona panamericana de aguas abiertas antes de encontrar en la montaña su verdadero territorio. En 2007 alcanzó la cima del Everest, convirtiéndose en una de las tres primeras mujeres colombianas en lograrlo. Ese ascenso marcó el inicio de un proyecto personal —Siete Cumbres— que tomaría más de dos décadas, pausado incluso por una maternidad que ella misma describe como «una pausa sin culpa». Ana Isabel Bustamante, ingeniera y directora de proyectos oriunda de Medellín, se sumó al reto años después, aportando su propia trayectoria en montañismo y escalada, y completando junto a Ana María los ascensos de Aconcagua, Kilimanjaro, Elbrús, Denali y finalmente Everest y Vinson.
Lo que distingue a esta historia no es solo la hazaña deportiva, sino cómo se construyó: en cordada, es decir, literalmente unidas por una cuerda, avanzando al ritmo de la más lenta, cargando trineos de veinte kilos sobre glaciares agrietados, y tomando decisiones compartidas cuando el margen de error era cero. Antes del Vinson, ambas se prepararon durante meses con entrenamiento físico exigente, expediciones de aclimatación en Perú, Colombia y Bolivia, y certificación como socorristas en zonas remotas —conscientes de que, en la Antártida, cualquier ayuda externa puede tardar días en llegar.
Ese nivel de preparación y de confianza mutua es el corazón de lo que Ana María y Ana Isabel llevan hoy a los escenarios corporativos. Su conferencia en dupla, Más allá de la Cumbre, no es un relato de superación individual sino un estudio en vivo de cómo dos liderazgos distintos —con historias, ritmos y fortalezas diferentes— logran sostenerse mutuamente para alcanzar algo que ninguna habría logrado sola. Para las organizaciones, esa es precisamente la pregunta que más cuesta resolver: cómo construir equipos que decidan bien bajo presión, que confíen lo suficiente para complementarse en lugar de competir, y que sostengan el esfuerzo cuando el camino cambia sin aviso.
En escena, Ana María y Ana Isabel entrelazan sus historias personales con relatos reales de expedición, fotografías de la travesía y aprendizajes concretos sobre liderazgo colectivo, construcción de confianza, comunicación en entornos de incertidumbre y disciplina sostenida. No hablan desde la teoría ni desde una diapositiva: hablan desde el cuerpo que resistió cuarenta grados bajo cero y la mente que aprendió a decidir en pareja cuando fallar no era una opción.
El mensaje central que dejan a cada audiencia es simple y aplicable de inmediato: las metas verdaderamente ambiciosas —una transformación organizacional, una meta comercial, un cambio cultural— rara vez se alcanzan en solitario. La diferencia entre las organizaciones que se quedan mirando la cima y las que la alcanzan está en la capacidad de construir confianza, mantener el rumbo cuando el plan cambia, y avanzar juntas incluso en los tramos más difíciles.
Más allá de la Cumbre es un formato especialmente potente para empresas que buscan inspirar a sus líderes, fortalecer una cultura de colaboración real, impulsar procesos de transformación o simplemente recordarle a su gente que toda organización tiene una montaña propia por escalar —y que se sube mejor en cordada.



